
De una estúpida potencialmente suicida, caótica, dramatica y mal
a una estúpida cualquiera, era menos insipido quizás todo antes de dar este descarado brinco hacia la puta banalidad (un brinco al espejo).
Lo peor ha sido esta cantidad monstruosa de placeres instantaneos que parecen sósegar la ausencia de una razón, que la hacen calladita, que me vuelven ciega de ese montón
de palabras tan encabronadamente sinceras que al tocar mis oídos se vuelven espectros de tí (o nada un millon de veces)
El tiempo como buen pasajero ha sosegado este demonio que ya entre lineas me ha dejado
sin cuartel en batalla, como la pendeja de siempre que se tuerce en la puta ironía
del día en turno.
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