De haber sabido lo tedioso y lo costoso que era estar con Renata ni una sola vez la hubiese invitado subir al auto- Pensaba Julian mientras iba camino a casa tomando en automatico la ruta diaria a las dos de la tarde cuando el sol quema mas encabronado y los semadoros confabulan para ponerse en rojo, quedaban las blablerias de la oficina entre articulos y llamadas molestas no quedaba mas que manejar con una cara larga que al llegar a casa tenia q ue cambiar para que Renata no se escandalalizara.
Abrio la puerta y al instante le llego el aroma a comida recien prepara, la sopa aun en la estufa terminando de cocinarse y su mujer en la ultima habitacion escondida en su maquina de escribir. Dejo sus cosasdesparramadas, hurto un poco de comida y suspiro de cansancio.
Se sentaron juntos en la mesa, ella servia mientras Julian no despegaba la cara de su plato. Siempre se limitaba a contestar con monosilabos cuando Renata le hacia las vulgares y comunes preguntas de Que tal tu dia amor?, Como estas?. Por que no preguntaba algo realmente interesante? Algo que valiera la pena contestar. No habia problema de igual modo ella se conformaba con sus gestos fingidos y las palabras insaboras.
Julian unicamente se dedicaba a comer mientras Renata daba misa de su dia, de lo que el gato habia hecho, de a que hora estaba mas fuerte el sol, en fin esos discursos nefastos dignos de una mujer.
Ella predicaba ser infeliz, ser inoportuna, ser fugaz, pero Julian la conocia, le parecia mas bien que ya se habia ahogado en lo que creia que debia ser.
Julian realmente era el que vivia en un espiral de caos, de batallas internas sin anexar las noches en las que el insomnio de Renata se lo llevaba entre las patas.
De verdad queria quererla como el dia en que le pudo decir "Estemos juntos". Rebotaba en su cabeza, pero como? si ella se habia encargado de dejarle el corazon de piedra, de cansarlo, de agobiarlo, de haber sido jugador se largo a sentarse en la banca de los espectadores.
Se rio a mitad del bocado final por la ironia de los papeles invertidos, para el ella era solo un complemento, un adorno, una pieza de un rompecabezas inconcluso, para ella el ya se habia vuelto todo.
Esa tarde se dio cuenta que Renata lo queria como nunca lo habia querido. Sintio pena y recojio su plato.
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